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Rurouni
Kenshin la Saga de Enishi: Hermanos de Sangre
De
regreso en Tokyo, Kenshin ha vuelto a un ritmo de vida más normal y sus amigos
poco a poco se reajustan a la antigua rutina. Sin embargo, no todo es igual,
pues Kenshin ahora parece más reservado, más preocupado por las consecuencias
de su vida pasada. Por su parte, Sanosuke tiene que lidiar con los daños
a su mano y a tensas consultas con Megumi, quien no pierde oportunidad para
discutir con él. Yahiko, por su lado, se ha dado cuenta de sus limitaciones
y se lanza a entrenar con una dedicación rayana en la obsesión.
A pesar de todo eso, ninguno de ellos podía adivinar que el pasado de Kenshin
volvería contra ellos con más fuerza aún. Ignorantes del hecho, un recién llegado
de Shangai ha ido de visita a la misteriosa tumba que Kenshin visitara en Kyoto
antes de partir de dicha ciudad. Este personaje, lleno de rabia, destruye las
flores que Kenshin pusiera, lamentándose del hecho de haber llegado con retraso
al sitio. Acompañándolo está el grotesco Iwanbo, quien curiosamente le informa,
bastante coherentemente, de las aventuras de Kenshin contra Shishio y su actual
paradero. El hombre, quien tiene un característico cabello plateado, simplemente
pregunta si después de diez
años,
Battousai sigue portando su característica cicatriz en forma de cruz, a lo cual
Iwanbo responde afirmativamente. El misterioso hombre piensa para sí: “mi hermana
debe seguir teniéndole rencor”. Sin mayores preámbulos, ordena a Iwanbo, a quien
se dirige
como
“Gein”, que se apuren para volver a Tokyo. En respuesta, el gigantesco cuerpo
se rasga como un muñeco, dejando ver a un hombre enmascarado, quien controlaba
el cuerpo desde su interior.
En Tokyo, Kenshin tiene que asistir a otra fiesta de bienvenida, esta vez en
el Akabeko, el cual cerrará temprano por la ocasión. Sin embargo, un poco antes
de la hora de cierre se aparece un gigantesco hombre manco, quien solicita el
menú más económico del restaurante. Tae, compasivamente, le sirve un mejor menú
por el mismo precio, en consideración a sus heridas, las cuales asume han sido
producto de la última guerra. A pesar de su aspecto masivo y peligroso, el personaje
es muy cortés y termina con prontitud para poder retirarse antes de la hora
en que anunciaron su cierre. De salida se cruza con Kenshin, quien de inmediato
reconoce al hombre como uno de sus rivales en la
última batalla por la Restauración, al cual había cortado el brazo, pero se
había negado a matar pues el resultado de la batalla y de la guerra ya era obvio.
Este hombre no da signos de haberlo reconocido, pero pronto nos damos cuenta
de que está más que consciente de quién era Kenshin. Se dirige al Monte Ueno,
un famoso lugar en las afueras de Tokyo, al cual llega de noche, y allí se encuentra
con
el hombre de cabello plateado, por contactos con Gein. Este hombre, Kujiranami,
no está muy ansioso de entablar conversación, pero pronto se hace obvio que
ambos hombres comparten un especial rencor contra Kenshin Himura y su pasado
como el Battousai. De un pesado paquete que trae, Kujiranami extrae un cañón
Armstrong, lo adosa al muñón de su brazo derecho y luego se afirma contra un
árbol. Un comentario sobre la distancia y el viento que podrían hacer que fallase
es ignorado y el gigante hace su disparo.
En la ciudad, y luego de una gran fiesta, nuestros amigos se dirigen a su casa,
bastante alegres por el licor ingerido y las bromas que se hacen entre ellos.
De pronto oyen el distintivo ruido de un cañón al ser disparado y la explosión
al acertar. Quedan preocupados, pero su sorpresa es mayúscula cuando se cruzan
con el jefe de policía Uranamura, quien les informa que el blanco no fue otro
que el mismo Akabeko. Cuando determinan el lugar del lanzamiento, Kenshin y
Sanosuke parten a la carrera, dejando atrás a Yahiko, quien no puede seguirles
el paso, especialmente porque había bebido algo él mismo. En el Monte Ueno,
la policía les enseña el lugar en donde se había caído un árbol sagrado, y encuentran
una profunda huella. Kenshin se da
cuenta
de que alguien disparó el Armstrong cargándolo, y usando el árbol como soporte
para el retroceso. Pero lo que más los perturba es encontrar un papel con una
sola palabra: “Jinchuu”. Kenshin rápidamente conecta la palabra con la que los
asesinos como él usaban en sus víctimas, la cual era “Tenchuu” (retribución
divina). Sin embargo, la palabra aquí se refiere más bien a la venganza producto
del hombre y no del cielo, por lo que Kenshin pronto está convencido de que
se trata de una venganza en contra de él, aunque no tiene idea de la forma que
tomará. Sin embargo, el ataque al Akabeko le da una idea de que pretenden atacar
a sus amigos más cercanos con el fin de hacerlo sufrir, así que pronto decide
con Sanosuke una estrategia para proteger tanto al Doujo Kamiya como a la clínica
de Megumi.
Al otro día,
el
grupo que quiere vengarse de Kenshin recibe a sus miembros faltantes en una
villa en la ciudad de Yokohama: un matón de aspecto militar llamado Banjin Inui,
un extraño personaje amanerado llamado Hyouko Otowa y un sigiloso personaje
que habla desde el falso techo y que niega presentarse ante los demás, aunque
se identifica como Mumyoui Yatsume (literalmente, “el pata anónimo”). El hombre
de cabello plateado no se identifica, pero les asegura que todos allí tienen
una misma intención, lo que hace perfecta su asociación. Aunque el dinero para
sus operaciones proviene de él, nsiste en
que
no se considera su jefe, más bien su organizador. Les comunica sus intenciones
con respecto al Battousai e incluso siembra una interesante competencia entre
sus allegados, al declarar que luego de ciertas acciones que todos deben seguir
para preocupar al Battousai, cualquiera puede darle el golpe final y matarlo.
La idea agrada a la mayoría, pero Gein sospecha segundas intenciones en esta
declaración (aunque se guarda sus pensamientos para él mismo). La
situación ha afectado a Yahiko en forma muy particular. Consciente de sus limitaciones,
exige a Kaoru que acelere su entrenamiento y le brinde el último secreto de
la escuela Kamiya. Kaoru se niega, pero Yahiko es insistente. Impacta a Kaoru
la determinación del muchacho y su rabia al sentirse el más débil de todo el
grupo. Kaoru
le aclara a Yahiko que está en una edad (diez años) en la cual el mismo Kenshin
apenas había iniciado su entrenamiento, y que Sanosuke no era ni siquiera un
proyecto del duro luchador en que se convertiría. Le asegura que seguro él es
el niño de diez años más fuerte de todo el Japón y que debía tomar su entrenamiento
con calma, especialmente por la enorme responsabilidad de ser alguien tan fuerte
en un cuerpo inmaduro. Aunque deja pensando al muchacho, Yahiko no olvida su
deseo de ayudar a Kenshin y los demás en proteger a la gente que ama de esa
venganza que se está preparando en su contra.
El primer paso de esa venganza se realiza la siguiente noche, cuando Inui y
Otowa dirigen un ataque a dos puntos en Tokyo. Ambos lugares resultan ser el
doujo Maekawa y la casa del jefe de policía Uranamura. Cuando Kenshin se entera,
envía a Sanosuke al doujo y él se dirige a la casa del señor Uranamura. Sin
embargo, está lleno de ansiedad, pues se da cuenta de que han atacado lugares
con escasa relación personal con él. Preocupado, ordena secamente a Yahiko que
se quede con Kaoru, lo que llena al muchacho
de frustración.
Cuando Sanosuke llega al doujo atacado, encuentra a las fuerzas policiales incapaces
de lidiar con Inui, quien se burla de ellos y de sus armas. A pesar de su obvia
poca capacidad mental, su agresividad compensa bastante bien y una extraña armadura
que cubre sus manos y antebrazos le brindan una adecuada protección contra las
balas. Sanosuke tiene bastantes problemas tratando de luchar contra este hombre
que usa un método de lucha similar al suyo, pero más por la herida de su mano,
que evita que use su Futae no Kiwami al temer las consecuencias sobre sus huesos.
Sanosuke recibe una tremenda paliza, pero su forma de vida hace que siempre
se levante, a pesar de todos los
moretones.
Mientras lucha contra Inui, éste le habla de que Kenshin venció a su maestro,
lo que lo llenó a él de rabia, pues no quería que lo recuerden como discípulo
de un perdedor. Sanosuke reconoce la estupidez del tipo (¿se parece a alguien,
no?) y finalmente decide usar su ataque especial, lo que destruye fácilmente
la armadura de Inui, quien se llena de rabia, especialmente cuando Sanosuke
se burla de “su invencible armadura que no es invencible”. Lamentablemente,
la mano de Sanosuke no resiste el esfuerzo adicional y colapsa. De pronto, interviniendo
aparece la extraña figura de Iwanbo, quien ordena a Inui que se retire, tras
lo cual él mismo abandona
a
la gorda figura y huye. Sanosuke se da cuenta de que algo anda mal y detecta
humo saliendo del gordinflón, al cual aplica tremenda patada y hace volar el
explosivo que tenía dentro. Ello advierte a todos y la explosión, a bastante
altura, no causa bajas.
Por su lado, Kenshin llega a tiempo para salvar al jefe de policía Uranamura.
Hyouko Otowa parece poseer extraños poderes, pues destruye la pistola del policía
en sus propias manos sin medio aparente. Sin embargo, cuando llega Kenshin y
trata de hacer lo mismo con él, su secreto se descubre. Simplemente se trataba
de un lanzador de dardos en su muñeca, la cual activaba con un hilo, mientras
hacía un grito que distraía la atención. Se declara así mismo como maestro de
las armas escondidas, pues en sus ropas hay al menos diez armas mortales. Le
explica a Kenshin que busca vengarse de él, pues cuando era Battousai mató a
un amigo suyo, con el cual se divertían matando gente por ahí. Otowa no parece
muy interesado en luchar contra Kenshin,
ahora que éste interceptó uno de sus dardos con la mano desnuda, así que lanza
un frasco a una poza de agua, produciendo un vapor que entumece parcialmente
a Kenshin, dándole la oportunidad al cobarde de huir. Kenshin se recupera pronto
y se asegura que la familia del policía salga del lugar, pero de pronto oye
de nuevo el aterrador sonido del Armstrong y la casa salta hecha pedazos. Para
suerte, Kenshin se había anticipado y logra sacar el cuerpo inconsciente de
Uranamura del lugar.
Al otro día tenemos a Kaoru preocupada, esperando a todos en el doujo junto
con Tsubame, la cual se había mudado con ellos luego de la destrucción del Akabeko.
Kenshin no se ha aparecido y Yahiko ha hecho guardia toda la noche, para incomodidad
de Kaoru, quien le reprende su acción. Sin embargo, Yahiko le grita que ésa
era su misión y que haría lo que debiera, a pesar de estar tan frustrado por
ser el más débil.
En la ciudad, Kenshin vaga preocupado por las implicancias del ataque de la
noche anterior cuando se cruza con el hombre del cabello plateado. Lo reconoce
e identifica como Enishi Yukishiro. Enishi, lleno de rabia lo acusa de la muerte
de su hermana y de todo lo que le pasó desde entonces. Escapando de la era que
Kenshin había forjado, Enishi había huido hacia Shangai hacía diez años y entre
el muladar y el crimen se había hecho fuerte, y a la vez jefe de la mafia de
Shangai. Incluso le comenta que él fue quien proveía de armas a Shishio, aunque
no sabía que Kenshin se había enfrentado contra él. Su locura es obvia y nada
puede hacer Kenshin para evitar que extienda su venganza contra él hacia aquellos
que lo rodean. Le ruega que le diga qué debe hacer para ser perdonado, aunque
eso signifique que deba morir por sus pecados. Pero Enishi no está interesado
en matarlo y le dice que lo que quiere es que sufra hasta más no poder. Le advierte
que volverá para atacarlo en el doujo Kamiya en diez días más y se retira, dejando
a Kenshin agobiado.
En el doujo Kamiya, Kaoru se encuentra con la figura de Iwanbo (la cual Sanosuke
había llevado como trofeo) y se da cuenta que algo muy serio está pasando. Logra
extraer algo de información de Sanosuke, pero no es mucho lo que puede decirle,
pues hasta ese momento él mismo no estaba al tanto de Enishi. De pronto, un
atribulado Kenshin llega y su aspecto es tan miserable que Kaoru no insiste
en nada y sólo le sugiere que vaya a descansar. Sin embargo, poco descanso puede
obtener, ya que una horrible pesadilla le hace ver a Kaoru alejándose de él
en un campo de huesos humanos. Cuando al fin llega hasta ella, el rostro que
se vuelve hacia él no es el de Kaoru, sino el de otra mujer. Agitado, se despierta
más preocupado que antes. Mientras tanto, Kaoru ha aceptado incrementar el entrenamiento
de Yahiko, quien acepta la mayor exigencia sin chistar, deseoso de aumentar
su utilidad a los demás. Kenshin los ve a todos reunidos y toma una decisión.
Toma a Kaoru por la mano y les dice que les hablará de su pasado y de cómo esta
lucha comenzó, de su vida como asesino y especialmente de su mujer, Tomoe, lo
que deja petrificados a todos.
Cuando la impactante historia termina, nadie sabe qué decir. Kaoru está confundida
y no sabe cómo enfrentarse a dicha verdad. Comprende la situación que vivió
y se identifica mucho con Tomoe Yukishiro, aunque se da cuenta de que Enishi
está muy perturbado para comprender los verdaderos sentimientos de su hermana.
Todos los demás toman la nueva información a su manera, pero para Yahiko su
decisión de hacerse más fuerte se incrementa por la seriedad de la situación,
lo que aprovecha para finalmente convencer a Kaoru para que le enseñe el último
secreto. Kaoru acepta, pero le impone un rudo ejercicio, en donde debe cruzar
sus manos sobre su cabeza en un rápido movimiento, en un total de 10.000 veces,
cantidad que deberá cumplir antes de los diez días si quiere que le muestre
la técnica. Entusiasmado, Yahiko toma con gran seriedad
Los días
pasan
rápidamente por ambos bandos, todos preocupados haciendo todos los preparativos.
En el doujo, Yahiko sigue con sus ejercicios y anuncia que finalmente llegó
a la mitad, lo que le gana la aprobación de Kaoru y el encargo de hacer siete
mil más, ante el espanto de Yahiko, quien a pesar de todo no se deja amilanar.
La verdadera preocupación de Kaoru es el estado mental de Kenshin ante la inminente
batalla y la posibilidad, ahora menos remota, de volver a la mentalidad del
Battousai. Deseosa de ayudarlo, se acuerda de un detalle que le contara
Kenshin, acerca de un diario que Tomoe llevaba y que Kenshin dejó en un templo
en Kyoto. Segura de que las mismas palabras de Tomoe podrían convencer a Enishi
de los sentimientos de su hermana como mujer, envía una carta a Misao para que
lleve dicho diario a Tokyo. Misao recibe el encargo, alegre de poder ayudar
a sus amigos y más contenta cuando Jiya le pide a Aoshi que la acompañe para
cuidarla. Rápidamente van al templo, recuperan el diario y se dirigen a Tokyo.
El noveno día llega, y para desesperación de Yahiko, Kaoru insiste en aumentarle
el ejercicio una y otra vez, a pesar de la proximidad de la batalla. Finalmente,
Kaoru acepta mostrarle la técnica, aunque le advierte que para llegar a dominarla
faltará mucho, y
eso
significa que no tendrá mayor participación en la batalla que se aproxima, lo
cual Yahiko tiene que aceptar. Kaoru le ordena que la ataque, cosa que él hace
con entusiasmo (tal vez demasiado para el gusto de Kaoru). Cuando Yahiko lanza
un poderoso golpe a la cabeza desprotegida de Kaoru, la última técnica del estilo
Kamiya se hace obvia. Con sus manos cruzadas sobre su cabeza, Kaoru bloquea
la espada con los dorsos de sus manos, usando su misma espada como apoyo. Habiendo
anulado el ataque, arroja a Yahiko hacia un lado. Yahiko queda impresionado
y trata de imitar el movimiento, pero Kaoru, sabiendo que haría el movimiento,
simplemente ataca a su estomágo, dejándolo sin aire y sin el contenido del almuerzo.
Esto le hace ver a Yahiko lo crítico que es usar dicha técnica, pues aunque
deja sin defensa al contrario, usarla antes de tiempo lo deja a él sin defensa
alguna. Yahiko comprende la realidad, pero internamente se da cuenta de que
hizo el movimiento aún más rápido que la misma Kaoru, lo que lo lleva a reiniciar
el ejercicio con nuevo entusiasmo.
Finalmente, el día del ataque llega y Kaoru se lamenta de que Misao no haya
podido llegar a tiempo. Sin embargo, el día pasa y llega la noche sin que nada
especial pase. Yahiko está listo, a pesar de que Kenshin le advirtió que no
participaría a menos que fuera absolutamente indispensable, cosa que acepta
obedientemente. De pronto, la noche se ilumina y por un instante esperan la
explosión del cañón Armstrong, pero pronto ven que se trata de fuegos artificiales.
Su alivio dura poco al ver llegar en medio de las luces un grupo de globos (lo
último de la tecnología) con los equipos de ataque de Enishi. Sin esperar más,
Kujiranami se lanza desde lo alto preparando un disparo de su cañón. Usando
el puño de Sanosuke como catapulta, Kenshin se lanza contra él y lo intercepta
en pleno vuelo con un Kuzuryuu Sen, haciendo que el gigante termine estrellado
contra el suelo. Kenshin se sube al techo y en un despliegue de poder emite
su “ki”, arrancando gran cantidad de tejas. Por un momento, Kaoru teme que Kenshin
haya vuelto a ser el mortal Battousai, pero las palabras de Kenshin la alivian.
De pronto, Kujiranami se levanta y prepara un disparo contra el doujo, pero
Sanosuke estaba listo para eso.
Del suelo saca su vieja espada Zanbato, ahora reparada, y recibe el disparo
del cañón, devolviéndolo hacia el gigante, que tiene que esquivarlo. Lamentablemente,
la espada no resiste y vuelve a partirse. Antes de poder recargar, Kenshin corta
el cañón y de un golpe directo al muñón, paraliza al gigante, al ser éste un
punto vital.
Ahora es el turno de los demás, por lo que Inui y Otowa se lanzan al ataque,
sólo para recibir comentarios acerca de su obvia estupidez y mal gusto para
vestir de parte de Kaoru y Yahiko. Para añadir algo de leña al fuego, Megumi
comenta que el tal Inui parece tan imbécil como el mismo Sanosuke. De pronto,
Kenshin se coloca entre los dos grupos, enfrentando a Otowa, mientras Sanosuke
se lanza con su Zanbato contra Inui, sólo para descubrir que su armadura ha
sido reparada y mejorada. El resto de la espada Zanbato cae hecha pedazos e
Inui procede a vapulear a Sanosuke. Mientras tanto, Kenshin está frente a Otowa
y sabe que si va en ayuda de Sanosuke, el cobarde de Otowa atacaría a Kaoru
y los demás que están a su espalda. Rechaza las palabras de Otowa sobre que
va a dejar morir a su amigo, y le asegura que Sanosuke luchará hasta el mismo
amargo final. Otowa malinterpreta las palabras, acusándolo de cruel y cobarde,
aunque Yahiko se da cuenta de que dichas palabras no fueron para Otowa, sino
para Sanosuke, para demostrar que confía en su habilidad.
De
pronto,
desde lo alto de su globo, Gein lanza un voluminoso paquete que al caer deja
al descubierto a lo que llama su Iwanbo número tres, el más avanzado de todos.
Ante el nuevo enemigo, Kenshin tiene que tomar una decisión. Hace una mirada
rápida hacia sus amigos y luego vuelve a enfrentarse a Otowa. A pesar de que
todos creen que es un descuido de Kenshin, Yahiko comprende el mensaje: es hora
de que él luche. De pronto, Kenshin se lanza con todo contra Otowa, quien, aterrado,
da un paso atrás. La espada de Kenshin parece pasar sin tocarlo, mientras Kenshin
pasa corriendo a su lado, dirigiéndose hacia Gein. Otowa se burla, especialmente
cuando ve que Yahiko va decidido hacia él. Prepara sus dardos, sólo para descubrir
que Kenshin había cortado el mecanismo. Distraído, recibe de lleno un golpe
de la espada de madera de Yahiko.
Kenshin se enfrenta al monstruo de Gein,
sólo para descubir que está hecho de un material elástico que resiste sus ataques.
Los primeros intentos de Kenshin son infructuosos e incluso llega a recibir
un buen impacto. Desde el interior del muñeco, Gein maneja hábilmente los controles,
seguro en el cuerpo del gigante como si de una cabina de avión se tratara. Con
la ventaja de no hacer mayor esfuerzo físico, está seguro de ser quien acabe
con Kenshin, a pesar de que él no tiene particular deseo de hacerlo. Kenshin
se da cuenta de que lo hace sólo por el reto y le asegura que no será vencido
por una marioneta, declaración que llena de rabia a Gein. Sin embargo, esta
vez Kenshin está listo. Realiza un movimiento de corte, similar a los que había
intentado, pero añade
un
movimiento giratorio que toma el elástico y lo retuerce sobre sí mismo hasta
romperlo, para total sorpresa de Gein. Sin embargo, no se le han acabado los
trucos y una serie de ataques rotatorios de su brazo restante parecen sobrepasar
a Kenshin. Pero en un ataque directo contra el cuerpo del gigante, Kenshin intercepta
una roca y la clava contra el tórax de Iwanbo. Cuando Gein ataca, se da cuenta
de que Kenshin ha insertado la roca en los engranajes principales de
su
máquina, y lo ha dejado indenfenso. Finalmente, y ante la atónita mirada de
Kaoru y Megumi, Kenshin realiza el fulminante Amakakeru Ryuu no Hirameki y destruye
a la invención de Gein.
Kenshin lanza su mirada hacia Enishi, quien ya se retira en su globo, y acepta
el ruego de Megumi, quien le pide que no siga, pues su estado no lo permitiría.
Tranquilamente pasa cerca de los demás luchadores y se sienta para ser atendido
por Megumi.
La lucha de Sanosuke e Inui sigue con ciertas ventajas de uno y de otro, pero
al ser estilos básicamente similares, la armadura de Inui comienza a ser un
factor
determinante. Sanosuke termina arrojado contra las paredes del recientemente
reparado doujo, y allí se prepara para un nuevo round, ante la preocupación
de Megumi, quien le advierte del estado de su mano. Sin embargo, el rudo luchador
no se detendrá por eso y lanza un poderoso Futae no Kiwami contra su rival,
quien lo recibe con su armadura. La mano de Sanosuke muestra el horrible castigo,
mientras la armadura no sufre daños. Sin embargo, el cuerpo de Inui no es de
metal, y sus brazos colapsan ante el tremendo impacto. Finalmente, con un formidable
cabezazo, Sanosuke envía a Inui a la inconsciencia. Después, simplemente exige
a Megumi que lo parche de nuevo.
En el otro terreno de combate, Yahiko comienza bastante bien contra Otowa, quien
todavía está impactado por el ataque de Kenshin. Sin embargo, como “maestro
del arma escondida” (se cree Mousse de Ranma 1/2) pronto demuestra cuán ladino
puede ser. Le arroja a Yahiko un frasco que él rompe en el aire, cubriéndolo
de un polvo que resulta ser magnético. Debido a ello, las extrañas cintas que
Otowa porta en su espalda salen
disparadas
hacia dicho punto, hiriendo a Yahiko con una serie de hojas metálicas muy flexibles.
A pesar de la desventaja, Yahiko, en un cruce de espadas, logra robarle a Otowa
su funda y con ella le logra arrancar su espada de las manos. Sin embargo, las
hojas magnéticas vuelven a causarle más heridas a Yahiko, dejándolo muy debilitado.
Kenshin no interviene y, es más, le dice a Yahiko que si quiso pelear, entonces
debe ganar. Decidido se lanza contra Otowa, quien lanza un poderoso golpe contra
Yahiko. Para sorpresa de todos, y especialmente de Kaoru, Yahiko logra imitar
el último secreto de la escuela Kamiya, bloqueando la espada de Otowa. Antes
de que las hojas flexibles puedan volver a herirlo, Yahiko utiliza su propia
espada de madera y aplica soberano golpe a Otowa. Antes de caer inconsciente,
Kenshin recibe en sus brazos a Yahiko, llevándolo para que sea atendido.
Todo parece haber terminado por esa noche, pero de pronto la atención de Kenshin
se dirige a los globos de Enishi, y nota que uno de ellos tenía una escalera
desplegada. A darse cuenta de la traición, corre hacia Kaoru y la saca del doujo
justo a tiempo, antes de que una mano unida a un brazo larguísimo y enguantado
en una horrible garra caiga sobre ella. Se trata de Mumyoi, quien resultó ser
uno de los sobrevivientes del ataque que terminó en la muerte de Tomoe. Éste
es un ser deforme, producto de técnicas de “perfeccionamiento corporal” aplicadas
por su clan para realizar mejores trabajos mineros y tener miembros más largos.
Su clan tiene dicho secreto tan celosamente guardado que cualquier que los vea
debe morir, y por ello desea ver muerto a Kenshin (y por extensión, a todos
los presentes). De pronto, y como comercial no deseado de cigarrillos, se aparece
ante ellos la sonriente figura de Saitou, quien había seguido las actividades
de Enishi de cerca por sus labores policiales.