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La vieja batalla entre el hombre y
la naturaleza ha terminado. La desidia y la
dejadez de éste ha cobrado una víctima
definitiva y la Tierra fue casi destruida en su
integridad. Sin embargo, con esta victoria el
hombre se ha puesto, como nunca antes, al borde
de su propia extinción. Ahora, queda en manos de
una joven princesa y de su noble corazón el
restaurar el lazo roto entre el hombre y su
mundo, para volver a empezar a vivir en armonía.
Tal vez sea la última oportunidad. Los restos de civilización antigua
y conocimiento que aún quedan narran así la
caída de la más grande sociedad tecnológica que
haya existido jamás en la Tierra: “En unas pocas
centurias, la civilización industrial se
extendió desde las costas de la Eurasia del
Oeste hasta cubrir completamente la faz del
planeta. Derramando contaminación, ensuciando el
aire y remodelando las formas de vida que había
en el planeta, esta sociedad industrial que se
comportaba como un monstruo logró extenderse
sobre todo y dominar completamente al planeta.
Cientos de años le tomó llegar a su cúspide y
poco después decayó y terminó de una manera
violenta y brutal. Las ciudades ardieron, y las
nubes de veneno de la guerra lo cubrieron todo.
A esta hecatombe de proporciones mundiales se le
recuerda como los “Siete Días de Fuego”. La
compleja y sofisticada tecnología y sus
estructuras se perdió y la mayoría de la
superficie terrestre se convirtió en un basurero
estéril, donde casi nada quedaba de la sociedad
que lo pobló y que nunca se recuperó del
desastre, la cual desapareció con el paso del
tiempo. Esa era es recordada por la humanidad
como la Era Cerámica”. Desaparecida la
civilización industrial, mil años después la
humanidad vive en un tiempo oscuro y peligroso,
en donde su supervivencia como especie dominante
en la Tierra se ve amenazada por la existencia
de la Selva Tóxica, una inmensa vegetación
poblada por increíbles y enormes insectos, cuyas
plantas emiten una gas venenoso llamado Miasma,
todo ello como resultado de la polución del
mundo. La Selva Tóxica crece constantemente y
aumenta su extensión, y así va arrimando a los
seres humanos, sus naciones y reinos, que poco o
nada pueden hacer por evitar ser devorados por
ella.
La joven Nausicaä, princesa de un reino
de la periferia cercano al mar llamado El Valle
del Viento, se interna en el peligroso bosque al
que llega montada en Mehve, un aerodeslizador
autopropulsado reliquia de la antigua
civilización. Allí toma algunas muestras de las
semillas de las plantas tóxicas y se tropieza
con la inmensa caparazón vacía de un ohmu, el
insecto guardián que vigila la selva y de la que
es el rey absoluto. Nausicaä logra retirar una
de las inmensas cuencas vacías de los ojos del
ohmu y, mientras descansa, las plantas del lugar
sueltan sus esporas para cubrirla como si se
tratara de
nieve.
Al día siguiente y aprovechando el
ojo de ohmu, Nausicaä repara el Gunship, otra
reliquia de la civilización antigua. Esta nave
es en realidad un potente caza y se ha mantenido
en el valle por generaciones y generaciones de
buenos cuidados. Terminada la reparación,
Nausicaä sale a probarlo junto con su tío Mito,
el administrador del valle, y a la ardilla zorro
bautizada como Teto. Mientras, en el castillo,
Yupa y Jhil conversan y ven despegar al caza.
Jhil explica que no recuerda que antes una mujer
haya llegado al liderazgo del valle, pero no
tiene dudas de que Nausicaä se desempeñará bien,
pues además toda la población la quiere y la
respalda. También le expone a Yupa sus razones
para enviar a su hija a la guerra. Le dice que
el Valle es un país pequeño, con sólo 500
habitantes, y que ha manejado su autonomía
precisamente por la presencia del Gunship, pues
el jefe del Valle sirve bajo las órdenes del
emperador de Torumekia como piloto de la nave,
según los tratados antiguos entre ambas
naciones, y que dada la diferencia entre el
valle y el poderoso estado militar de Torumekia,
es ilógico entrar en enemistades con ellos pues
serían aplastados.
Mientras tanto, Nausicaä
sigue probando el Gunship y lo lleva hasta su
máxima potencia. Mito le reclama a su sobrina
que esté usando la poderosa nave como si fuera
un aerodeslizador, sobre todo teniendo en cuenta
que el Gunship es el único de su tipo y el
conocimiento para repararlo se ha perdido
centurias atrás. Nausicaä reflexiona un poco y
piensa que prefiere a Mehve, pero en ese momento
su mente es asaltada nuevamente por una visión
de oscuridad llena de las voces que escuchara
antes. Nuevamente trata de comunicarse con ellas
pero es sacada de la visión por un potente
chillido de Teto, pues Nausicaä había perdido
completamente la conexión con la realidad y el
Gunship empezaba a caer en picada. La joven
logra elevar la nave justo a tiempo y le pide a
Mito que se ponga su máscara pues van hacia la
Selva Tóxica. Se ha dado cuenta de que ésa es la
voz de un ohmu, y eso quiere decir que
nuevamente alguien o algo está causando
destrozos y los insectos lo están atacando. Ya
en el lugar, Nausicaä divisa un inmenso
bergantín de uno de los reinos vecinos que vuela
cubierto casi por completo por insectos, los
cuales deben de haber llegado hasta él luego de
que la nave se posara en la selva. La situación
del bergantín es crítica y Mito opina que nada
se puede hacer. Pese a ello, Nausicaä intenta
dirigir a la nave para que pueda hacer un
aterrizaje de emergencia, lejos de la Selva
Tóxica. El Gunship extiende sus banderas de
mensaje y empieza a dar instrucciones a la nave,
y Mito nota que a bordo del bergantín sólo se
ven mujeres y niños. Pese a esto, la nave no
puede modificar su ruta y Nausicaä, en contra de
la opinión de Mito, ejecuta una peligrosa
maniobra y se pone detrás del bergantín,
atravesando la densa nube de insectos que la
sigue, para liberar los alerones de la nave que
están cubiertos de ellos, que impiden maniobrar
con los cañones del aparato. Todo parece ir
bien, pero justo cuando la nave logra salir del
área de la selva una de sus alas se quiebra y se
desploma, para finalmente estrellarse y
explotar. El Gunship aterriza y Nausicaä corre
en busca de sobrevivientes en medio del infierno
desatado; confirma por los cuerpos muertos que
ésa era una nave llena de mujeres y niños de
Pejitei. Entre los escombros, Nausicaä encuentra
a una chica aún con vida y Mito identifica a la
joven como parte de la casa Real de Pejitei.
Antes de morir, la joven se identifica como
Rastel, hija del jefe de Pejitei, y, entregando
una extraña piedra a Nausicaä, pide le sea
llevada a su hermano mayor. Con su último
aliento, explica que la noche anterior la
guardia imperial del emperador Vai atacó la
ciudad de Pejitei, y los pocos sobrevivientes se
vieron obligados a esconderse en la Selva Tóxica
y así fue como aparecieron los insectos sobre la
nave. Mito se sorprende al escuchar la historia,
pues Pejitei había sido aliada de Torumekia
desde los tiempos antiguos. Agonizando, Rastel
le hace prometer a Nausicaä que llevará la
piedra y nunca permitirá que caiga en manos del
emperador Vai. Mito aconseja irse pues nada
queda por hacer, y ambos notan sorprendidos la
presencia de un ohmu, el mismo que viera
Nausicaä el día anterior, detenido frente a los
escombros. Mito le dice a la joven que vayan
lentamente a la nave para huir, pero ella lo
calma explicando que el ohmu tiene los ojos de
color azul, por lo que no va a atacar. Nausicaä
escucha nuevamente la voz del ohmu en su cabeza
y siente que el inmenso insecto está llorando
mientras se retira diciendo “Todos están
muertos”.
No muy lejos de allí, una corbeta
armada torumekiana busca al bergantín de Pejitei
o a sus restos; topan con la nave estrellada y
bajan a investigar. Para este trabajo, el
comandante al mando ordena que desembarquen los
Wormhandlers (literalmente los “maneja
gusanos”), considerados por los soldados
torumekianos como desagradables y sucios, además
de ser una ofensa al orgullo el que viajen en
una nave torumekiana. El mismo comandante opina
de acuerdo, pero sabe que son muy útiles en las
búsquedas, en especial de cuerpos humanos
muertos, lo que parecen disfrutar. Para esto
utilizan unos gusanos que guardan en cestos (de
allí el nombre). El reporte llega acerca de
cuándo y cómo se estrelló la nave pero no sale a
la luz lo que parecen estar buscando, pese a que
también encuentran el cuerpo de Rastel. Informan
además que hay unas marcas de una nave pequeña
cerca de los despojos; parece lógico que la
persona o personas que hayan estado allí antes
de ellos se hayan llevado lo que buscan. Ante
esto, el líder de la expedición ordena a todos
abordar y dirigirse hacia el cercano Valle del
Viento.
Nausicaä regresa al Valle donde todos
la esperan muy preocupados, y antes de comentar
los detalles pide traer los lanzallamas y
limpiar el Gunship en busca de rastros de
esporas que podrían contaminar el valle, de la
misma forma que ella es limpiada junto a Teto
con chorros de aire. La joven le pide a Mito que
no diga nada hasta que ella haga un anuncio y
cargue los cañones del Gunship. Luego corre
hasta la habitación de su padre y se tropieza
con una de las ancianas encargadas del cuidado
de Jhil. Éste no la deja hablar y le da una
lección valiosa a su impulsiva hija: sin
importar lo que pase, un jefe no debe perder el
control de sí mismo, pues si él entra en pánico
la gente que lo sigue se alarmará y también
perderá el control. Por último le recuerda que
su cuerpo se está convirtiendo en piedra por
efecto del veneno de la selva y ahora todo está
en manos de ella. Yupa sólo observa. Una vez
tranquilizada Nausicaä, le cuenta a su padre
todo lo que ha ocurrido. Jhil reflexiona
pensando en Pejitei, una ciudad industrial
pacífica amiga del Valle del Viento, sin llegar
a entender por qué el emperador ha actuado así.
Por su parte, Yupa inspecciona la piedra y Jhil
dice que parece ser la parte de una maquinaria
sofisticada pero increíblemente antigua, pues,
explica, Pejitei tiene una mina en donde ha
encontrado rastros de la civilización antigua
además de todo tipo de maquinarias y motores. No
cabe duda de que la piedra, o lo que sea, ha
salido de ahí. Yupa por su parte comenta que si
la piedra parece ser el origen y causa de tanta
destrucción debe de contener algún temible
poder. En medio de la conversación, la corbeta
armada torumekiana llega hasta el Valle, la cual
además es reconocida como una de las naves de la
guardia imperial, por lo que el asunto parece
ser serio. Nausicaä se prepara para el
aterrizaje y sale a parlamentar, consciente de
que ellos están relacionados con el asunto del
bergantín de Pejitei
siniestrado.
La nave aterriza en el valle sin
ningún tipo de inspección de esporas por parte
de los pobladores y encima sobre un campo recién
sembrado, cosas que a Nausicaä le parece
intolerables, pues ahora tendrán que quemar toda
el área. Pero su asombro aumenta cuando ve
desembarcar a los Wormhandlers, preguntándose
por qué la guardia imperial está contratando a
este tipo de personas; se da cuenta también de
que si no tiene cuidado, el Valle del Viento
podría ser un segundo Pejitei. Al lado de
Nausicaä, los hombres del valle que la acompañan
consideran que el uso de los “hombres-gusanos”
que vienen a ensuciar su valle constituye un
acto de guerra, por lo que Nausicaä se ve
obligada a calmarlos y partir hacia el lugar del
aterrizaje. Nausicaä aborda su Mehve con Teto y
le pide a Mito cubrirla con el Gunship, y ambos
salen hacia allá. Pese a los consejos de su
padre, la joven princesa no parece estar muy
dispuesta a comportarse a la altura de la
situación y con calma, pues mientras se va
acercando a ras del suelo carga su rifle, hace
un disparo contra las canastas de los
Wormhandlers y se estrella contra ellos
haciéndolos saltar por los aires. Las tropas de
Torumekia se preparan para disparar pero su
líder los detiene cuando ve aparecer al Gunship
tras el aerodeslizador. La joven princesa salta
de su Mehve, clava su espada cerámica contra el
piso y se presenta ante las tropas torumekianas,
a las que increpa por haber venido a su país en
compañía de los Wormhandlers sin anunciarse y
sin pedir permiso. El comandante de la
expedición explica que están en busca de
traidores de Pejitei bajo las órdenes del
emperador, y que los Wormhandlers han sido
agregados a la unidad como comandos especiales.
Además dice que de seguro la gente del valle
ayudará en la búsqueda de los traidores, a lo
que Nausicaä responde que no, pues ellos son una
nación independiente de la periferia y nunca ha
violado sus tratados con el emperador; incluso
la guardia imperial del emperador debe estar
sometida a ciertas normas de conducta. Mientras
dialogan, los Wormhandlers liberan a sus gusanos
y ellos descubren que lo que buscan lo lleva
consigo la joven princesa, y las larvas se
muevan hacia ella y se suben encima. Nausicaä se
apoya en su espada, y de pronto una extraña
fuerza sale de ella y hace brincar a los bichos
y al propio Teto, para sorpresa de los
torumekianos, que la consideran magia y
desagrado de los wormhandlers, que reciben a los
asustados gusanos. Muy enojada, Nausicaä empuña
su espada e insulta a los torumekianos, por lo
que uno de los soldados se prepara para batirse
en duelo con ella. A punto de empezar la lucha
aparece Yupa con la demás gente del valle, y los
torumekianos lo reconocen e inclusive lo nombran
como el mejor espadachín de la periferia. Yupa
no reconoce a la joven y no logra evitar la
pelea, por lo que está se abalanza sobre el
soldado. Haciendo uso de una depurada técnica de
ataque aprendida de Yupa, salta sobre él y le
clava la espada en el cuello y, justo cuando lo
va a ultimar, Yupa interpone su brazo entre la
espada de Nausicaä y ésta se clava en él. Al
mismo tiempo amenaza al soldado poniéndole una
daga en la garganta hecha con armadura de ohmu,
que fácilmente atravesaría su cobertura de
cerámica, y les grita a ambos que se detengan.
Luego llama la atención a ambos bandos en
conflicto reclamándoles lo innecesario de
iniciar una batalla que destruiría el valle y
terminaría con la alianza entre éste y
Torumekia. Mientras habla, un hilo de su sangre
baja por la espada de Nausicaä y eso la hace
reaccionar y calmarse. Por su parte, el líder
torumekiano felicita a Yupa por sus palabras,
manda a sus hombres a guardar sus espadas y
subir a bordo al herido, al mismo tiempo que se
levanta la máscara de su armadura y se muestra
como una joven mujer, lo que sorprende a la
gente del valle. La joven comandante torumekiana
se disculpa por su actitud y la de sus hombres
con Nausicaä y Yupa, y le pide permiso a éste
para ver su espada, hecha de caparazón de Ohmu y
ligera como la cerámica, y usando su propia
espada la parte en dos. Antes de irse, le
pregunta a Nausicaä si se volverán a encontrar
en algún momento, a lo que ella responde que sí,
en el campo de batalla.
Mientras las tropas
torumekianas parten, Nausicaä recién se da
cuenta de que ese soldado torumekiano con el que
peleó estaba muerto ya en el campo de batalla,
pero no puede pensar mucho en realidad pues los
pobladores la rodean y vitorean por su valor al
enfrentarse sola a los torumekianos.
Aprovechando el buen humor de su gente, Nausicaä
la manda a buscar cualquier espora que hayan
podido traer los torumekianos. Más tarde y
mientras es curado de sus heridas, Jhil y Yupa
comentan la actuación de Nausicaä. Jhil dice que
hubiera sido fácil eliminar a la unidad
torumekiana que actuaba sola con el Gunship y
luego ocultar la evidencia, pero eso habría sido
la semilla de un futuro problema. Reconoce
también la táctica de la comandante torumekiana
al desarmar la situación en su momento más
tenso, al poderse retirar y no perder más que un
hombre; digno de Kushana, cuarta hija del
emperador Vai. Mientras, Nausicaä y los
pobladores descubren con pesar que una de las
esporas se quedó oculta y ya ha infectado un
árbol del valle y debe ser quemado; el hecho
produce gran pena a todos, pues ese árbol era el
protector del valle, el árbol más viejo de
todos, presente allí por 500 años. Mientras
todos quedan abatidos por la quema del árbol,
Teto, que había huido de Nausicaä durante la
pelea con Kushana, vuelve y la reconforta
mientras ésta se pregunta por qué su destino es
haber nacido como princesa. Ese día, muy lejos
de allí, el imperio de Torumekia le declara la
guerra a los principados Dorok.
Mientras, en
las ruinas de la ciudad de Pejitei, la flota de
Kushana descansa y ésta recibe a un enviado de
su padre, a quien tolera pero no acepta con
alegría, pues sabe que ha sido enviado a
vigilarla. Él dice llamarse Kurotowa, y Kushana
le pide un reporte de cómo van las acciones de
batalla en el frente contra los Dorok. Kurotowa
le cuenta que sus tres hermanos continúan el
asedio de las ciudades en cuestión, las cuales
van cayendo una tras otra; ya van siete
principados Dorok que han caído y once de sus
ciudades fortificadas con torretas han sido
tomadas. Sus tres hermanos han hecho más de diez
mil esclavos entre los Dorok. Lleno de
exaltación, Kurotowa sigue narrando las hazañas
militares de los torumekianos y habla de una
pronta conquista de la ciudad sagrada de Shuwa,
centro de los principados Dorok. Pero Kushana no
se deja impresionar por esta perorata y presta
poca atención y crédito a lo que Kurotowa le
dice. Es más, piensa que todo lo que sus
hermanos hacen por conquistar a los Dorok les
puede dar una buena excusa a ellos para barrerla
del panorama, pues sin la piedra extraviada, ya
no tiene ningún valor. Recibe además las órdenes
de atacar el flanco de los Dorok con su flota
volando por encima de la selva tóxica con
bastante suspicacia. Kurotowa le dice que su
padre le manda un mensaje: si recupera la
piedra, será mejor que cualquier victoria en el
campo de batalla. Kushana se retira a caminar
sola y luego busca a sus hombres para
parlamentar acerca de sus nuevas órdenes, a lo
que éstos se resisten; no creen que deban
hacerlo pues opinan que todo es una trampa de
sus hermanos. Inclusive sus hermanos deben haber
convencido al emperador padre de que ella está
escondiendo la piedra deliberadamente y deberían
volver a la capital para hacerse cargo de todo
el ejército, que de seguro se unirá a ella. Pero
Kushana es más lista y prepara algo; no duda de
la lealtad de sus hombres pero tampoco quiere
caer en las garras de sus hermanos, por lo que
decide seguir las órdenes e ir a la guerra
contra los Dorok. Pide también que todas las
tribus de la periferia que deben participar se
presenten en el punto de reunión establecido al
día siguiente al
mediodía.
Mientras tanto, Kurotowa pasea por las ciudad en ruinas cumpliendo su particular y secreta misión. Así llega hasta los subterráneos de la misma y se tropieza con una unidad de Wormhandlers que cuidan la entrada a la mina. Luego de identificarse como oficial, le pide al jefe de la unidad que le muestre aquello pues desea verlo, además de comentar que los Wormhandlers apestan aún peor de lo que cuentan los rumores. Kurotowa es conducido a lo más profundo de la mina, en donde por más de 500 años se han extraído restos de la civilización perdida, y finalmente a una caverna en donde descansa un inmenso ser parecido a un humano vestido con armadura. El asombro se pinta en el rostro de Kurotowa pues lo reconoce como un Soldado Divino, como las osamentas que se asoman inmensas en la superficie; éste da la impresión, sin embargo, de estar recién hecho. Enterrado durante mil años, su corazón aún late y sigue con vida. Kurotowa confirma así lo que sus espías habían informado: los ingenieros de Pejitei encontraron al inmenso ser y con las piedras de control lo pusieron a dormir, temerosos de desatar una nueva destrucción. En ese momento, el Wormhandler que acompañaba a Kurotowa trata de arrojarlo dentro de la profunda mina pero éste lo esquiva, y ve cómo muere al darse contra el fondo. Se sonríe pues ahora entiende por qué los consejeros enviados a Kushana habían sufrido tantos accidentes. Un Soldado Divino, piensa, uno de los monstruos vivos creados artificialmente por la civilización antigua que quemó la Tierra y al viejo mundo en los Siete Días de Fuego. Kurotowa cavila y se da cuenta de que, teniendo el control sobre tamaña creación, el trono no sería más un sueño. Pero esa idea también lo hace sonreír, pues se trata sólo de la ambición de un pobre soldado. En cualquier caso, afirma, todo el imperio se bañará en sangre y destrucción, en una pelea de uñas y dientes, y todo por el control de este ser antiguo.
En su tienda de campaña, y mientras se pone su traje de batalla, Kushana se ríe de la aventura de Kurotowa, que le es relatada por uno de sus hombres, el mismo que lo califica de gusano. Kushana no se preocupa demasiado por lo que está pasando, pues ahora sabe que fue una buena idea dejar la piedra en el Valle del Viento por un rato, lejos de la estupidez de sus hermanos y las traiciones palaciegas de su padre. En tanto, en el Valle del Viento, todo está listo para la partida del Gunship y una nave con algunos hombres, rumbo al punto de reunión dispuesto por Kushana, para empezar la campaña sobre la Selva Tóxica. Mito le regala a Nausicaä a Kai, una de sus aves de carga, para que la acompañe y cuide de ella en ésta su primera campaña. Entretanto, Mito se despide de Yupa informándole que partirán al amanecer. Yupa pregunta por qué todos en la escolta de Nausicaä son hombre mayores, y Mito responde que la mayor posesión y la más valiosa que tiene el valle es su gente joven, pues su población disminuye año con año. Yupa, hombre experimentado, comenta que el punto de reunión es a cien millas al sur de Pejitei, justo en frente de la línea de batalla pero al otro lado de la Selva Tóxica, por lo que intuye lo que se intenta hacer. Nausicaä, por su lado, termina los preparativos al cortarse la cabellera y vestir con la armadura que han hecho para ella las ancianas del valle. Una vez lista, un grupo de niñas del valle entra al cuarto y le hace un pequeño regalo a la princesa, una bolsa llena de nueces Chiko, y le dicen que rezarán al dios del viento pidiéndole por ella y por que le envíe buenos vientos. Yupa y Mito se despiden y el administrador le muestra su mano, invadida ya por el veneno de la selva, y le dice que ésa es otra de las razones por las cuales se va con Nausicaä, y porque además sabe que ella tiene extraños poderes, aunque éstos no sirven para la guerra. Todos, incluyendo a él, aman a la joven y desean protegerla, sobre todo en la guerra, y todos lo que van a ir comparten ese sentimiento. Terminada la despedida, Yupa camina por el castillo solo y se cruza con Teto; le pregunta dónde anda su ama. Con curiosidad, Yupa sigue a Teto a los sótanos del castillo, a donde nadie suele ir nunca, entre innumerables Gunship inservibles, hasta llegar a un cuarto en donde Nausicaä ha criado y cultivado muchas de las plantas de la Selva Tóxica. Yupa se sorprende por esto pero su sorpresa crece aún más al descubrir que todas esas plantas venenosas no están exhalando su miasma y que el aire parece inusitadamente limpio; inclusive la planta más venenosa, la Hisokusa, ha florecido. Nausicaä le explica que ha estado cultivándolas a escondidas de la gente del valle y ha descubierto que si las plantas crecen con agua y aire limpios dejan de expeler miasma y se convierten en dadoras de vida. La conclusión de la joven es obvia: no es la selva la contaminada sino la tierra la que está sucia. Yupa le pregunta si descubrió todo eso ella sola y Nausicaä responde que sí, pero ya no importa pues ha cortado el suministro de agua y cerrará el cuarto definitivamente. Luego se abraza a él y le dice que no quiere ir a la guerra, que siente un terrible odio en ella y no sabe si lo podrá controlar. Yupa ve partir a Nausicaä y se lamenta de su propia estupidez; toda una vida buscando el secreto y la llave de la Selva Tóxica y siempre estuvo allí, frente a sus ojos, en esa niña.
Mientras Nausicaä en el Gunship arrastra un transporte hacia el punto en donde se reunirán con Kushana todos los representantes de las tribus de la periferia, un Gunship de modelo distinto vuela por encima de las nubes y observa los desplazamientos. Nausicaä ve su silueta recortada contra el sol y se pregunta si también va al punto de reunión. Por su parte, Mito parece reconocer la nave pero calla, y atrás, en el transporte, todos los hombres se divierten cantando y comiendo. Mito les llama la atención pero la princesa lo tranquiliza, pues no sabe cuándo volverán a respirar algo de aire limpio. En ese momento emerge desde las nubes una nave, un viejo bergantín llamado “Viejo Soldado” de la nación Pagase, la nave más antigua de toda la periferia con sus doscientos años. Todos se alegran de este encuentro pues consideran a los de Pagase viejos camaradas de batalla, y éstos a su vez se dan cuenta de que en el Gunship no viene Jhil, por lo que suponen que al fin ha cedido su puesto a su hijo... pero Jhil no tiene hijos varones. Asombrados, ven a la joven Nausicaä volando a su lado como piloto de Gunship, algo que nunca pensaron podría pasar. Divertidos por el hecho, los de Pagase hacen formación con los del Valle para seguir su camino hacia el punto de reunión, y poco después se cruzan con un convoy formado por naves de la periferia y se unen a ellas.
Kushana y sus naves llegan al punto de reunión diez minutos antes de lo acordado y sobrevuelan la Selva Tóxica; reconocen entre la maleza las ruinas de una ciudad de los tiempos antiguos. Kurotowa se espanta de ver a Kushana en el puente sin su máscara. Ella le explica que no hay nada de qué preocuparse pues a esa altura no llega el miasma. Además, mientras la pequeña avecilla enjaulada en el interior del puente de mando esté viva, no hay nada que temer. Kurotowa se alegra por la novedad pero supone que se les pondrán cuando tenga que aterrizar, a lo que Kushana responde que no va a aterrizar; desde el aire, apenas se reúnan todas las naves, intentarán cruzar la Selva Tóxica. Kurotowa no entiende esto pues se supone que deberían aterrizar para poner las tropas en orden. Kushana le pregunta a Kurotowa si quiere crear alarma entre las tribus de la periferia. Lo mejor según ella es mantener cierto desorden entre las naves de las tribus y partir así, porque de lo contrario, y considerando que las naves torumekianas no pueden hacer frente a los Gunships debido a su tamaño, se estaría fomentando lo necesario para una revuelta. De esta manera no tienen como ponerse de acuerdo. Kurotowa se da cuenta de lo inteligente que es Kushana, además de ser muy bella. Y siente admiración por ella.
En el Valle del Viento, Yupa conversa con Jhil y se despide, pues al fin a encontrado lo que estaba buscando por tantos años. Jhil le pregunta si es esa llave el misterio de la Selva Toxica, y Yupa contesta que sí. En sus viajes, Yupa ha visto cómo tres países en el sur han sido devorados recientemente por la Selva Tóxica, siempre en crecimiento, y que de seguir así antes de terminar la centuria todo el continente quedará cubierto. En consecuencia, las poblaciones humanas han sido presionadas una y otra vez, no sólo los pequeños países sino también la propia Torumekia. Yupa sigue hablando de sus descubrimientos acerca de la Selva Tóxica; explica que todas las formas de vida han tenido formas de mantenerse en el planeta durante mucho tiempo pero las plantas e insectos del lugar son diferentes. Dice que siempre se ha visto hordas de ohmus corriendo y atacando las ciudades humanas y esparciendo las esporas de la Selva Tóxica; las formas de vida de este conglomerado parecieran estar destruyendo intencionadamente las plantas y animales del viejo mundo. Los sacerdotes de Torumekia dicen que la selva es un castigo de Dios por haber ensuciado la Tierra durante los Siete Días de Fuego, pero él no está muy seguro de que sea así. Si la selva es un castigo de Dios contra el hombre por ensuciar la Tierra ¿por qué destruiría también a los animales y las plantas? Ellos han estado en el planeta mucho tiempo antes que los hombres. De joven, Yupa penetró hasta lo más profundo de la selva; un “estéril desierto de arena, abrasada por la corrupción y el veneno” es como lo describen las crónicas antiguas. Pero cuando él llegó hasta allí encontró un mundo de paz y pureza. De ese lugar trajo una muestra de arena que lleva consigo en un pomito. Cada grano es una aleación de metales que están completamente libre de venenos. El lugar era tan puro que se sentía como un monstruo con su máscara y sus ropas sucias. Jhil, que había escuchado la historia en silencio, le pregunta si piensa que la función de la Selva Tóxica es más bien limpiar el mundo sucio. Yupa dice que eso es sólo una hipótesis, pero en todo caso Nausicaä llegó hasta ella instintivamente. Antes de partir, Jhil le dice a su amigo que le cree y duda que se vuelvan a encontrar en este mundo; espera entonces que él ayude a la joven e inexperta Nausicaä en esta nueva búsqueda de la verdad sobre la Selva Tóxica.